Seguridad mundialista pendiente

El México vs Portugal dejó una alerta: un estadio mundialista no puede presumir modernidad si falla en accesos, control de ingresos y protección mínima real.

Víctor González

3/31/2026

El amistoso entre México y Portugal del 28 de marzo en el Estadio Banorte (Azteca) debía servir como prueba seria rumbo al Mundial 2026. Sirvió, sí, pero para recordarnos que la seguridad todavía no está garantizada plenamente.

Porque una cosa es inaugurar butacas nuevas, pantallas, rutas renovadas y rebautizar el inmueble con un nuevo patrocinio. Otra, muy distinta, es demostrar que miles de personas pueden entrar, ubicarse y salir sin desorden real.

Se reportó confusión en los accesos, cierres viales, estacionamiento limitado y problemas logísticos en la reapertura. Es decir: en un partido diseñado para medir capacidades operativas, lo primero que quedó bajo presión fue el control.

Y aquí está el fondo del problema: cuando el acceso se vuelve caótico, también se debilita la percepción de revisión. El público no distingue entre protocolo existente y protocolo eficaz; distingue entre orden y vulnerabilidad.

Más aún: antes del encuentro había una lista pública de objetos prohibidos, desde armas y explosivos hasta gas pimienta, láser, drones, laptops, paraguas y mochilas. El punto no fue la ausencia de reglas, sino confianza.

A esa tensión se añadió la muerte de un aficionado que cayó desde una zona de palcos antes del partido. Aunque el hecho tuvo circunstancias específicas, terminó por subrayar esto: un ensayo admite cero fallas.

Lo preocupante es que estamos hablando de la antesala del Mundial, no de un juego cualquiera. Si en la reapertura hubo tensión en accesos y logística, Federación y gobiernos locales deben revisar protocolos desde ahora.

Porque en México hemos normalizado demasiadas cosas: filas eternas, revisiones desiguales, ingresos tardíos y la idea absurda de que el aficionado debe adaptarse al caos. No. La obligación institucional es prevenirlo, no administrarlo a tiempo.

Una cosa es decir que la violencia ya forma parte del paisaje nacional. Otra, imperdonable, es montar espectáculos masivos sin garantizar condiciones mínimas para contener riesgos. Un estadio mundialista debe ofrecer certeza, no solamente espectáculo.