Seguridad en vilo

El Mundial puede traer alegría y turismo, pero también riesgos. La seguridad es obligación del Estado; la prevención ciudadana, una responsabilidad que no podemos abandonar jamás en Guadalajara estos 39 días.

Víctor González

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La seguridad pública no es una concesión del gobierno. Es una obligación constitucional del Estado. Su deber es proteger la vida, la libertad, la integridad, el patrimonio de las personas y preservar la paz social.

Eso no está a discusión.

Pero tampoco podemos cerrar los ojos ante otra verdad: la ciudadanía también debe poner todo lo que esté a su alcance para no exponerse innecesariamente, para reducir riesgos y para cuidarse en comunidad.

Guadalajara vivirá días de fiesta mundialista. Vendrán visitantes de distintas partes del país y del mundo. Habrá partidos, actividades, calles llenas, comercios abiertos, celebraciones, traslados, pantallas, fanáticos y una ciudad puesta bajo los reflectores internacionales.

Eso debe alegrarnos. Claro que sí.

Pero la alegría no puede convertirse en ingenuidad.

Porque unos partidos de futbol no borran la realidad de inseguridad que viven Jalisco y México. No desaparecen, por decreto, los robos cotidianos. No cancelan la operación de la delincuencia común. No eliminan la capacidad de planeación del crimen organizado. No resuelven la crisis de personas desaparecidas. No limpian la corrupción que ha penetrado instituciones. No deshacen, de un día para otro, las redes de complicidad que durante años han lastimado la confianza ciudadana.

El Mundial es una celebración, pero la seguridad no puede depender del entusiasmo.

La autoridad tiene que hacer su trabajo. Tiene que prevenir, vigilar, coordinar, investigar, actuar y rendir cuentas. Tiene que proteger al visitante, sí, pero también al ciudadano que vive aquí todos los días. Tiene que cuidar los estadios, las zonas turísticas, los centros de reunión, el transporte público, los barrios, las colonias y las rutas de llegada y salida.

Pero nosotros también debemos asumir una actitud responsable.

No se trata de vivir con miedo. Se trata de no bajar la guardia.

Cuidar nuestros traslados. Evitar rutinas innecesariamente previsibles. No exhibir objetos de valor. Mantener comunicación con familiares. Identificar rutas seguras. No dejar solos a menores o adultos mayores en zonas de alta concentración. Revisar información oficial sobre cierres, operativos y recomendaciones. Denunciar riesgos. Auxiliar sin exponernos. Cuidar al vecino, al visitante y a nuestra propia familia.

La ciudad puede celebrar, pero no debe olvidar.

Porque la seguridad no se improvisa en 39 días. La seguridad se construye con instituciones confiables, policías profesionales, prevención real, combate a la corrupción, inteligencia, justicia y participación ciudadana.

El mensaje es claro: disfrutemos el Mundial, sí. Sintamos orgullo por Guadalajara, también. Pero no permitamos que la fiesta tape la realidad.

La autoridad está obligada a cuidarnos.

Y nosotros estamos obligados a no descuidarnos.

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