Relevos y señales
Los cambios en el gabinete dicen poco, salvo la salida de Juan Partida del IPEJAL. Ahí no basta un relevo: hace falta auditoría, nombres y responsabilidades claras frente a dudas públicas.
Víctor González
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La foto apareció primero. Pablo Lemus y Enrique Alfaro en Casa Jalisco, juntos, sonrientes, con mensaje de cordialidad política. Después vinieron los cambios en el gabinete.
No hay prueba pública de que una cosa haya provocado la otra. Decirlo así sería irresponsable. Pero tampoco se puede pedir ingenuidad. En Jalisco, la presencia de Alfaro todavía pesa. Su aparición no es una postal cualquiera. Menos cuando llega en la misma jornada en que el gobierno anuncia movimientos internos.
La mayoría de los relevos no mueve demasiado el tablero. Cambian nombres, se acomodan áreas, se mandan señales de administración. Nada que por sí solo parezca corregir el rumbo del gobierno ni abrir una etapa distinta.
El punto delicado está en otro lado: la salida de Juan Partida Morales del Instituto de Pensiones del Estado de Jalisco.
IPEJAL no es una oficina más. Ahí está el dinero de trabajadores, jubilados y pensionados. Ahí se administra una parte sensible del futuro de miles de familias. Por eso, cuando su director se va, no basta con decir que renunció por motivos personales.
Esa frase sirve para cerrar un comunicado. No sirve para cerrar cuentas públicas.
Partida no se va de una institución tranquila. Se va de un organismo golpeado por señalamientos, malos manejos, inversiones cuestionadas y dudas acumuladas durante años. Y justo por eso su salida no debería convertirse en una puerta elegante para evitar explicaciones.
El gobierno puede nombrar a un nuevo director. Puede hablar de experiencia financiera. Puede intentar presentar el relevo como una decisión técnica. Pero antes de pasar la página tendría que responder una pregunta elemental: ¿en qué estado queda realmente Pensiones del Estado?
La respuesta no puede quedar dentro de una oficina. Se necesita una auditoría especial al IPEJAL. Una revisión seria, completa, con documentos, montos, decisiones, responsables y consecuencias. No una revisión de cortesía. No una entrega-recepción de trámite. No un expediente guardado para que el escándalo se enfríe.
Si hubo decisiones correctas, que se acrediten. Si hubo negligencia, que se documente. Si hubo daño patrimonial, que se sancione. Y si no lo hubo, que también se diga con pruebas. Lo que no se vale es dejar que la renuncia funcione como borrón político.
Porque una cosa es irse por motivos personales. Otra muy distinta es irse dejando cuentas pendientes.
El cambio en IPEJAL es el único movimiento del gabinete que realmente merece lupa. No por el nombre de quien llega, sino por el tamaño de lo que se administra y por la historia reciente de la institución.
Jalisco ya conoce esa ruta: funcionario cuestionado, salida tersa, agradecimiento público y silencio. Esa ruta protege carreras, no protege a los trabajadores.
Si el gobierno quiere enviar una señal distinta, aquí tiene una oportunidad concreta. No necesita discursos contra la corrupción. Necesita abrir los libros, revisar las decisiones y decir quién responde por lo que se hizo.
Los relevos pueden acomodar el gabinete. La auditoría es la que diría si también hay voluntad de rendir cuentas.
