El primer nombramiento que sí importa

Si el Poder Judicial quiere reclamar autonomía y legitimidad frente a la ciudadanía, no puede permitirse decisiones opacas justo cuando se avecina una reforma profunda.

COLUMNAS

Víctor González

1/22/20262 min read

La designación de un nuevo magistrado del Supremo Tribunal de Justicia no es un trámite menor. Menos aún cuando deriva del fallecimiento del magistrado Marcelo Romero García de Quevedo y ocurre en un momento clave para el Poder Judicial de Jalisco.

Este nombramiento pondrá a prueba, por primera vez, al actual magistrado presidente José Luis Álvarez Pulido.

¿Por qué importa?
Porque será el primer nombramiento relevante que pase por sus manos antes de la reforma judicial prevista para 2027. Y porque ahí se verá si el discurso de institucionalidad se traduce en hechos o si todo sigue operando bajo la lógica de cuates y cuotas.

Un nombramiento pequeño… en un momento grande

En apariencia, se trata de cubrir una vacante.
En el fondo, se trata de algo más profundo: qué tipo de Poder Judicial se quiere construir en la antesala de una reforma estructural.

Aunque el magistrado presidente podría repetir un periodo adicional de dos años, este primer nombramiento es trascendente porque marca una pauta.
Marca si la Presidencia del Tribunal será un espacio de contención institucional o una simple oficina de trámite político.

Aquí no se juega solo un nombre.
Se juega la señal.

La reforma judicial que sigue atorada

No debe perderse de vista que el proceso de reforma judicial en Jalisco sigue trabado en el Congreso de Jalisco.
Y cuando esa reforma avance —porque tarde o temprano avanzará— el Poder Judicial del Estado de Jalisco tendrá un papel central.

Ahí, la figura del magistrado presidente será clave:

  • en la renovación de magistraturas,

  • en la revisión del rol de los jueces,

  • y en la redefinición del equilibrio interno del Poder Judicial.

Por eso este nombramiento no puede verse como un hecho aislado.

La pregunta de fondo

La pregunta no es solo quién será el nuevo magistrado.
La pregunta es cómo se decidirá.

¿Habrá criterios públicos?
¿Pesará la trayectoria judicial?
¿Se privilegiará la independencia real?
¿O veremos, una vez más, el reparto silencioso entre grupos?

Este primer movimiento será una prueba temprana, pero muy clara, del tipo de liderazgo que ejercerá la Presidencia del Tribunal en un momento que exige credibilidad, no simulación.

Lo que está en juego

Si el Poder Judicial quiere reclamar autonomía y legitimidad frente a la ciudadanía, no puede permitirse decisiones opacas justo cuando se avecina una reforma profunda.

Este nombramiento es una oportunidad.
También es un riesgo.

Y como suele pasar en la vida pública, no será el discurso el que responda a las dudas, sino la decisión concreta que se tome.

La vara ya está puesta.
Ahora toca ver si se salta… o se pasa por debajo.