El fiscal que llega manchado
En su primera declaración pública, él dijo: “no tengo padrinos”. El problema es que su historial dentro del Ejecutivo desde 2019 y la narrativa mediática que lo conecta con el alfarismo hacen que esa frase no alcance por sí sola.
PORTADACOLUMNAS
Víctor González
2/6/20262 min read


Al nuevo titular de la Fiscalía Anticorrupción del Estado de Jalisco, Eduardo Cipriano Manzanilla Aznárez., lo eligió el Congreso del Estado de Jalisco con 32 votos, desde una terna enviada por el gobernador Pablo Lemus Navarro.
Y aquí está el problema: la anticorrupción en Jalisco no arranca con aplausos, arranca con una duda razonable: ¿cómo persigues a los tuyos si vienes de los tuyos?
Qué pasó
El nuevo fiscal anticorrupción, actualmente se desempeñaba como director jurídico en Secretaría de Salud Jalisco y asumirá el cargo a partir del 15 de febrero .
Su currículum oficial dice: ha sido abogado general del gobierno estatal, especialista en estudios constitucionales, servidor público del Poder Judicial federal y parte del área jurídica del instituto electoral local, además de profesor universitario.
En su primera narrativa pública, él mismo trató de cerrar el tema: “No tengo padrinos”, y prometió autonomía.
El dato que lo mancha
El “padrinazgo” puede ser una percepción política; lo que no es percepción es la trayectoria dentro del poder.
En el organigrama público del Gobierno estatal aún aparece Manzanilla dentro del Despacho del Gobernador, en el área de “Abogado General del Gobernador”, con fecha de ingreso 01 de enero de 2019.
Esa fecha lo coloca trabajando en la estructura del Ejecutivo durante el sexenio de Enrique Alfaro Ramírez. No es un juicio: es cronología documentada.
Y eso conecta con la crítica pública que ya circula en medios locales: que llega con continuidad de administración, no con distancia.
Hay una narrativa pública sustentada en columnas y notas que lo presenta como un perfil ligado al alfarismo (y al emecismo), y él lo niega (“no tengo padrinos”).
Por qué importa
La Fiscalía Anticorrupción existe para investigar y perseguir delitos de corrupción, y forma parte del Sistema Estatal Anticorrupción. Si el fiscal llega con historial dentro del mismo poder que debería investigar, el arranque trae un problema básico: confianza.
No es un tema de simpatías. Es un tema de incentivos:
si tienes que investigar hechos del gobierno anterior, pero vienes de su estructura, te van a preguntar si te atreves;
si tienes que investigar al gobierno actual, pero llegaste desde una terna del Ejecutivo, te van a medir si eres independiente o decorativo.
Por eso la etiqueta de “fiscal carnal” ya está instalada en el debate público: no porque sea una sentencia, sino porque es la sospecha natural cuando la anticorrupción se decide por acuerdos políticos y no por distancia institucional.
Cómo te afecta
Porque cuando la anticorrupción es de utilería:
se persiguen “peces chicos” y los grandes expedientes se quedan en congeladora;
se administra el escándalo, no la justicia;
se convierte en un seguro político: “tranquilos, aquí no pasa nada”.
Y eso termina en lo de siempre: obras, contratos y compras públicas sin consecuencias reales.
En su primera declaración pública, él dijo: “no tengo padrinos”. El problema es que su historial dentro del Ejecutivo desde 2019 y la narrativa mediática que lo conecta con el alfarismo hacen que esa frase no alcance por sí sola.
¿Se va a atrever a morder la mano de los gobiernos que lo formaron… o sólo va a administrar la sospecha?
