Derrama para pocos
Guadalajara presume apoyos mundialistas para pequeños comercios, pero los anuncia tarde: cuando la derrama parece repartida entre contratos, concesiones, obras y negocios mejor colocados desde hace meses en el poder.
Víctor González
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El Mundial está por comenzar y, apenas a unos días del silbatazo inicial, el Gobierno de Guadalajara anuncia que busca que la derrama económica también llegue al pequeño comercio.
La intención, en el discurso, suena correcta. El problema es el calendario.
Porque cuando una autoridad anuncia casi al final que ahora sí volteará a ver a fondas, tienditas, taquerías, cenadurías, emprendedores y comercios de barrio, la pregunta es inevitable: ¿por qué hasta ahora?
El micro y pequeño comercio no debería ser un agregado de última hora en una fiesta organizada con meses, incluso años, de anticipación. Si el Mundial fue planeado como una gran oportunidad económica, los pequeños negocios debieron estar sentados en la mesa desde el principio, no esperando permiso desde la banqueta.
Mientras los grandes jugadores económicos tuvieron tiempo para acomodarse, negociar espacios, asegurar contratos, participar en obras, servicios, concesiones o zonas estratégicas, los pequeños comerciantes parecen recibir la invitación cuando el banquete ya está servido.
Y eso no es un detalle menor.
En Jalisco, la inmensa mayoría de las unidades económicas son microempresas. Ahí está buena parte del empleo cotidiano, del ingreso familiar, de la economía real: la que abre temprano, paga renta, resiste bajas ventas, aguanta obras, cierres, vallas, permisos, inspecciones y decisiones tomadas desde oficinas lejanas.
Por eso el anuncio llega tarde y sabe a relegación.
No basta decir que habrá espacios, horarios ampliados o programas emergentes. Lo importante es saber cuántos comerciantes accederán realmente, bajo qué criterios, con qué reglas, durante cuánto tiempo y quiénes quedarán fuera.
Porque el riesgo es claro: que el Mundial deje postales bonitas para la promoción oficial, ganancias aseguradas para los de siempre y migajas administrativas para quienes sostienen todos los días la vida económica de la ciudad.
El pequeño comercio no necesita caridad mundialista. Necesita planeación, reglas parejas, acceso real, información oportuna y respeto.
Si Guadalajara quiere presumir que el Mundial será de todos, debe empezar por demostrar que la derrama no se quedó arriba, entre los grandes intereses, sino que bajó de verdad a las calles, a los barrios y a los negocios que nunca aparecen en la foto oficial.
